Las estrellas no tienen novio

 18,00

De Francisco Javier Rodríguez Barranco

Helio es incapaz de desabrochar el cinturón de seguridad y bajar del autobús que conecta Madrid con Medina. Como rehén sin pretenderlo del medio de transporte, trivializa sobre el resto de pasajeros mientras contempla pedazos de sus respectivas vidas, conoce el amor en primera persona y se encamina hacia un destino simbólico y descorazonador.
Esta novela se adentra en lo más absurdo de la naturaleza humana, a través de los pasajeros, con nombres sacados de elementos del Sistema Periódico -como Mercurio, Plata o Aluminio- y del destino fortuito que rige la vida, que ancla a Helio en una prisión mecánica y le hace saborear las mieles del éxito y del amor efímero.

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Descripción

Fiel con la voluntad del autor de acometer el engranaje del absurdo cotidiano en sus
textos, Las estrellas no tienen novio se ofrece como una acumulación de despropósitos
orquestados alrededor del pequeño detalle de una persona, Helio, que no puede
desengancharse del cinturón de seguridad al acabar un viaje.

A partir de ahí se suceden episodios de empatía y rechazo, amor y desamor, comprensión y duda, alegrías y penas, los intereses creados, etcétera.

En definitiva, como la vida misma.

El protagonista, cual Ulises impotente, vive anclado a su butaca del autobús en una
sucesión de viajes, que parecen no tener fin, y desde ahí se convierte en un observador
imparcial de su propia existencia y de las que pasan ante él, contado todo ello con un humor que busca refugio en la ironía y la inteligencia.

En los sesenta asistimos a «El asfalto», de Ibáñez Serrador, y en los setenta llegó La
cabina, de Mercero. Algo de ambas hay en Las estrellas no tienen novio, que quizá se vincule más con El barón rampante, de Italo Calvino, en lo que tiene de consolidación de lo
inesperado. «Me sentiría muy halagado si alguien encontrara alguna similitud entre esta obra y las Opiniones de un payaso, de Heinrich Böll», confiesa el autor.

Se trata de una novela atemporal con ribetes esperpénticos, dado que los personajes,
bautizados con nombres sacados del Sistema Periódico, se observan siempre con humor, pero bajo un prisma bastante desmitificante acerca del ser humano y sus posibilidades.

Ilustraciones de Jaime Roig de Diego

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